Publicaciones etiquetadas ‘analisis de la escalera de conclusiones’

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La Escalera de Conclusiones IX

  • 09-08-2009
  • Publicado en Poker

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Como dijimos antes, en el póker debemos apoyarnos en las impresiones que nos causan los demás jugadores, para poder diseñar una estrategia en contra de esos. Conocemos esto como “leer a las personas”. En este proceso, obtenemos una impresión general, y la utilizamos para categorizar a un jugador según conceptos previos que poseemos.

Hacemos esto para poder, luego, explotar su estilo de juego a nuestra conveniencia, y para anticiparnos en el diseño de planes de contraataque. Sin embargo, debemos actualizar constantemente nuestras evaluaciones, basándonos en la información que se nos presenta continuamente a lo largo de las partidas de juego, mientras se va desarrollando la sesión de póker.

Si nos mantenemos aferrados a una primera impresión, y utilizamos todas nuestras siguientes observaciones tan sólo para intentar justificar esta primera impresión, caeremos en la trampa de subir por esta escalera de conclusiones. Y, una vez que nos encontremos trepando es escalera, sólo se nos presentaran falsas perspectivas.

Como dato de interés, observamos que esta superposición que hay en el conjunto de habilidades que tiene un entrenador y un jugador de póker en común, nos sirve para su aplicación en ambas situaciones. Cuando estaba en este entrenamiento de una semana de duración, tuve la oportunidad de utilizar muchas metáforas que había obtenido del mundo del póker.

En poco tiempo, los demás asistentes a ese entrenamiento pensaban en mí como tan sólo un jugador de póker. Ellos habían estado subiendo la escalera de las conclusiones mientras yo hablaba. A final de cuentas, les di el gusto y terminamos la conferencia jugando un torneo de póker en estilo Texas Hold’em.

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La Escalera de Conclusiones VIII

  • 09-08-2009
  • Publicado en Poker

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Cuando ves que las fichas del jugador a quien analizaste según la primera impresión que te causó, con sus llamativas piezas de joyería, su vibrante camisa abierta, y su profundo bronceado, van creciendo, puedes pensar que tus asunciones iniciales fueron correctas.

Sin embargo, podrías también haber visto desde un primer momento que, más allá de ser el apostador descuidado que creíste que él era, se trataba de un jugador habilidoso, cuidadoso y muy ingenioso, quien cultivó artificialmente su imagen tan sólo con el propósito de despistar a sus oponentes, tal como lo hizo contigo.

Se hubieses estado dispuesto a observar toda la información de manera objetiva, te hubieras dado cuenta de que, mientras su estilo fuera generalmente más suelto que el tuyo y más agresivo que el de los jugadores que estaban antes que él en las apuestas, en muy pocas ocasiones el jugaba en una ronda del river sin tener en sus manos un muy buen juego.

Podrías haber notado esto si hubieses observado que él tenía fuertes acciones temprano en las rondas de juego, aumentando su actuación con charlas y actitudes en la mesa, camuflando de este modo su estilo de juegos selectivo.

En el juego del póker debemos, por supuesto, apoyarnos en nuestras impresiones iniciales de nuestros oponentes, para así determinar un curso de acción en contra de ellos. Esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de “leer a las personas” participantes en nuestra contra en la mesa de juegos.

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La Escalera de Conclusiones VII

  • 08-08-2009
  • Publicado en Poker

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Continuamos analizando el ejemplo de quien, a primera impresión, que parece un típico apostador:
Ni bien comiencen la primera ronda de juegos, él se ha realizado una subida del bote. Todos los demás jugadores de la mesa se retiran. Inmediatamente, tú piensas “es un hombre salvaje”, y que preparas para dar un buen paseo.

Después de eso, cada pequeña cosa que hace además jugar a las cartas, ya sea saludar agitando una mano a su amigo Anthony que está en una mesa de juego cercana, hasta devolver al cantinero su trago, incluso la forma en la que él sostiene sus cartas y como pronuncia la frase “sube ese bote”, te deja cada vez más convencido de que estás tratando con un apostador de altos límites que no se preocupa por sus gastos, es decir, un maniático, cómo conocemos a este tipo de personajes en las salas de póker.

Mientras avanza el evento te mantienes enfocado en tu decreciente montón de fichas, y en su creciente montón de fichas. Atribuyes este hecho aún poco justo empujón de buena suerte que él ha tenido, a tus expensas. Tu impresión inicial se profundiza, y ya no puedes ni quieres en verdad observar la información disponible acerca de la forma en la que este jugador lleva a cabo sus rondas de juego.

Lo que sucede aquí es muy sencillo de explicar: ha subido por la escalera de conclusiones, y te has convencido a ti mismo de que las caracterizaciones y presunciones que realizaste ni bien llegó este jugador a la mesa, fueron correctas y apropiadas. Pero hay mucho más a saber al respecto, y que sorprenderás con lo que leerás en el próximo artículo.

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La Escalera de Conclusiones VI

  • 06-08-2009
  • Publicado en Poker

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¿Cómo diablos se relaciona todo esto con el póker?
Este ejemplo se relaciona con el juego del póker de la siguiente manera: nosotros también subimos por esta escalera de conclusiones cuando estamos participando en una mesa de póker, y lo hacemos todo el tiempo.

Hacemos inferencias sobre todo tipo de cosas al respecto de los jugadores contra los que estamos compitiendo, y luego reforzamos nuestras presunciones con todos los comportamientos que ellos podrían llevar a cabo. Esto, en sí mismo, no nos hace daño alguno. Sin embargo, no comprobamos nuestras presunciones iniciales, y vamos componiendo impresiones equívocas mientras lo hacemos.

Finalmente, esto obstaculice nuestra habilidad de llevar al máximo nuestras ganancias y beneficios a partir de lo que podamos inferir de los otros jugadores y de sus juegos. Tomamos en consideración un nuevo ejemplo que propone el autor:

Hay un hombre de mediana edad sentado en una mesa de póker. Luce un bronceado profundo, y diste una camisa de seda de un color brillante, con los primeros botones desprendidos, dejando ver una llamativa cadena de oro. También luce un gran brazalete de oro, y un anillo en su dedo meñique. Tan sólo con verlo, una palabra aparece en tu mente: “apostador”.

Ni bien se sienta en la mesa, muestra una gran faja de billetes y compra su entrada por un gran monto. A viva voz le pide a la camarera un trago, y pide otro trago para convidarle a ella.

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La Escalera de Conclusiones V

  • 27-07-2009
  • Publicado en Poker

poker215 500x300 La Escalera de Conclusiones V

Quizás sí haya sido una broma. O quizás tu amiga hubiese estado sentada en una habitación diferente de esa casa, esperando a que llegarás con muchas ansias. Quizás los demás invitados a esa fiesta en verdad piensen poco de ti. O quizás, todos ellos han estado prestando de atención tan sólo a las personas que conocían.

Así, no podrás comprobar tus conclusiones basándote en la información que obtuviste de manera sumamente objetiva, ya que toda esta información sólo proviene de ti. Todos nosotros tendemos a no discutir con nuestra propia información, a no discutir con nuestras propias opiniones. Y, si absorbemos estas conclusiones sin comprobarlas, tendemos a rondar esta escalera de inferencias, saltando de una conclusión hace la siguiente, sin llegar jamás a comprobar ninguna de ellas.

Podrías modificar este comportamiento, pero esto requeriría que carretes a ti mismo y a tus conclusiones, lo que es muy poco (o para nada) habitual. No es algo cómodo para llevar a cabo. Por ejemplo, en aquella fiesta podrías haberle preguntado a alguien dónde estaba tu amiga, e ir a encontrarte con ella, incluso le podrías haber preguntado directamente si es la que había invitado como una broma.

Podrías haber apartado sus presunciones e inferencias, y podrías haberte enfrentado a las otras personas, para poner estas presunciones bajo la lupa y corroborarlas, comprobando si de verdad todos ellos eran o no unos idiotas estirados. Esa fue la idea de este entrenamiento: exhortarnos a no llegar a conclusiones a partir de información incompleta, y poner a prueba nuestras presunciones en este proceso.